Las velas se han convertido en un elemento imprescindible en muchos hogares. Aportan calidez, crean ambiente y transforman cualquier espacio en un refugio acogedor. Sin embargo, no todas las velas son iguales… y lo que hay detrás de las velas baratas es algo que pocas veces se cuenta.
Si alguna vez has comprado una vela muy económica pensando que “todas hacen lo mismo”, este artículo es para ti. Porque encender una vela no solo afecta a cómo huele tu casa, sino también a la calidad del aire que respiras y al impacto que generas con tu consumo.
El problema de la parafina: el ingrediente estrella de las velas baratas
La gran mayoría de velas de bajo coste están fabricadas con parafina, un subproducto del petróleo. Su uso es muy común porque es barata, fácil de trabajar y permite producir grandes cantidades en poco tiempo.
El problema es que, al quemarse, la parafina puede liberar compuestos químicos nocivos, como tolueno o benceno, que se asocian a problemas respiratorios, irritación de ojos y dolores de cabeza, especialmente en espacios cerrados y poco ventilados.
Quizá no lo notes de forma inmediata, pero respirar estos residuos de forma habitual no es inocuo, sobre todo si utilizas velas a menudo o durante varias horas seguidas.
Fragancias sintéticas y tóxicos ocultos
Otro punto crítico de las velas baratas son los aromas artificiales. Para abaratar costes, muchas marcas utilizan fragancias sintéticas cargadas de químicos que no siempre están claramente indicados en la etiqueta.
Estas fragancias pueden provocar:
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Dolor de cabeza
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Mareos
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Sensación de aire cargado
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Irritación en personas sensibles, niños o mascotas
Además, muchas velas no especifican la composición exacta de sus aromas, lo que hace imposible saber qué estás quemando realmente en tu casa.
Mechas que tampoco ayudan
Las velas económicas suelen incorporar mechas de baja calidad, a veces con restos metálicos o tratamientos químicos que facilitan una combustión rápida… pero sucia.
Esto se traduce en:
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Humo negro
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Hollín en paredes y muebles
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Olor a quemado poco agradable
Si alguna vez has visto manchas oscuras alrededor de una vela, ya sabes de lo que hablamos.
Producción en masa: cuando el objetivo es producir más, no mejor
Las velas baratas suelen fabricarse en producciones industriales a gran escala, donde prima la rapidez y el bajo coste frente a la calidad.
Esto implica:
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Falta de control en los materiales
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Menor cuidado en la formulación
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Ceros poco refinados
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Aromas desequilibrados que resultan agresivos
El resultado es una vela que puede ser bonita a simple vista, pero que no está pensada para cuidar tu bienestar ni tu hogar.
El impacto ambiental que no se ve
La parafina no es biodegradable ni renovable. Su uso contribuye a un modelo de consumo basado en derivados del petróleo, con un impacto negativo tanto en el medio ambiente como en la sostenibilidad a largo plazo.
A esto se suma:
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Envases de baja calidad
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Producción masiva
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Falta de compromiso con procesos responsables
Comprar velas baratas muchas veces significa apoyar un sistema poco respetuoso con el planeta.
Entonces… ¿qué alternativa existe?
Las velas artesanales de calidad, elaboradas con ceras vegetales como la cera de soja o de coco, son una alternativa mucho más saludable y consciente.
Estas velas:
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No liberan sustancias tóxicas al quemarse
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Ofrecen aromas más naturales y equilibrados
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Duran más tiempo
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Generan una combustión más limpia
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Están pensadas para crear bienestar real
Además, cuando eliges una vela artesanal, apoyas una forma de producir más lenta, cuidada y alineada con el respeto por las personas y el entorno.
Elegir una vela también es una decisión consciente
Encender una vela debería ser un gesto de calma, no una fuente de químicos en el aire que respiras. Por eso, cada vez más personas se preguntan qué hay detrás de lo que compran y optan por productos que cuidan de verdad su hogar.
No se trata de demonizar lo barato, sino de entender qué estamos consumiendo y qué impacto tiene en nuestro bienestar diario.
Porque tu casa no es solo un espacio.
Es tu refugio.
Y lo que enciendes en ella importa.
Algunas marcas apuestan por una forma más consciente de crear velas, cuidando materiales, procesos y aromas, como es el caso de Candela Rosa.



